Datos personales

Nací en Córdoba. Mis compañeros de estudios en el Instituto Fidiana me llamaban Tovarich. Participé en las movilizaciones fidianeras reivindicando tener un edificio propio. Miembro de la Plataforma de Estudiantes de la JOC. Militante de la JOC (1996-2001). Presidente del Consejo de Estudiantes de Filosofía y Letras de la UCO en el curso 97/98. Militante del Partido Comunista de España desde 1997, del que he sido Secretario Provincial en Córdoba desde marzo de 2010 hasta noviembre de 2011. Director de cordobaroja.es

miércoles, 29 de febrero de 2012

El colmo de la perversión capitalista: Parados y trabajos sociales


Todos los años tengo una experiencia similar; cuando llego a impartir el mercado de trabajo. Tras explicar la ley de la oferta y la demanda les pregunto a los alumnos/as que en el mercado laboral quién es la oferta y quién la demanda. Automáticamente hay unanimidad: -“el empresario oferta”- afirman. La conclusión es obvia el trabajador es el que demanda. Al fin y al cabo, ¿la tarjeta del paro no es “demanda de empleo”?

Esta perversa filosofía es la que, llevada en último grado, nos sitúa ante la nueva propuesta del gobierno.

Si el empresario oferta trabajo, mientras que el trabajador lo demanda deja al primero casi como un benefactor del segundo.

El lenguaje en esto es muy importante; hace unos años en una escuela de la JOC les hacia caer en la cuenta a los militantes jocistas en como el empresario ha pasado a ser “empredendor” dotándole hasta de un halo épico ya que al emprender (basta con mirar las acepciones de la palabra en la RAE) se le concede el carácter aventurero de arriesgarse con algo. Implicitamente, el que no emprende (es decir el que no es empresario -o sea el trabajador-) no tiene ese componente épico, heroico; todo lo contrario, nos quedamos al verlas venir; a la seguridad de un sueldo mientras otros -los que nos pagan el sueldo- emprenden, se arriesgan. Conclusión; los trabajadores debemos agradecerles el sueldo a aquel que se arriesga mientras nosotros (por miedo, por tibieza) permanecemos cómodos y apoltronados.

Uno de los rasgos de un maltratador es el de rebajar, atacar la autoestima de la víctima. Eso es lo que con hace el capitalismo con el trabajador al utilizar esta idea.

Claro, si el trabajador es un cómodo, ¿qué no va a ser aquel que ni siquiera trabaja mientras vive de una prestación que pagamos entre todos? Llegados a este punto, es cuando los empresarios y el gobierno nos plantean el quitar la prestación en caso de no querer ir a convertirse en vecino de Papá Noel o que si estás cobrando del paro y no estás hacendo cursillitos te tengas que hacer algo útil a la sociedad: los famosos trabajos sociales.

El trasfondo de todo esto es que la sociedad aparece dividida en tres grupitos (bueno, cuatro si contamos a los funcionarios); los “emprededores”, héroes de la sociedad; los trabajadores (que se aprovechan en su comodidad del riesgo asumido por los “emprendedores” y a los que hay que incentivar a salir de su comodidad con medidas como la últimas reformas laborales -al fin y al cabo demasiado beneficio tienen con trabajar gracias a los “emprededores”-); luego estamos los funcionarios (clase de trabajador que no sólo no se arriesga, sino que además no se le puede incentivar con las medidas de las pasadas reformas laborales); y abajo del todo, el colmo de la pereza: los parados, que ni se arriesgan emprendiendo; ni trabajan sino que viven de un dinero que sale del bolsillo de los demás, y claro en esas condiciones los desempleados se acomodan y hay que desperezar con medidas como las que antes mencionaba.

Volviendo al principio, cuando mis alumnos dicen que el trabajador es la demanda; concluyo diciéndoles que entonces el trabajador paga un dinero al empresario. Cosa que niegan con solo mirar a sus casas. Les recuerdo que la demanda siempre paga, por que es la que necesita algo. Llegados a este punto -y por pura ley de la gravedad- concluyen que el empresario es el que demanda la mano de obra que el trabajador ofrece; y por eso es el “emprededor” el que le tiene que pagar a ese ser “acomodado” que es el trabajador, porque es el segundo el necesario para el primero y no al revés.

Desde esta perspectiva, no queda ya el empresario como el héroe, del que se aprovechan los comodones (o incluso perezosos) trabajadores, funcionarios y parados, sino que los términos se invierten.

Y para sacar más tajada (lo que Marx llamó plusvalía) necesitan el despido más barato, la posibilidad de rebajar el salario; menores indemnizaciones por despido; y por supuesto unos parados que digan como el bolero: “si tú me dices ven (aunque sea a Laponia) lo dejo todo” porque sino no tendrían prestación; o que habiendo necesidad de unos trabajos "sociales" estos los hagan parados en vez de asalariados.

Es la versión siglo XXI de aquello que Marx hablaba en El Capital sobre los parados: “este sobrante de población forma un ejército de reserva industrial que pertenece al capitalista de una manera tan absoluta como si lo hubiese educado y disciplinado a expensas suyas: ejército que provee a sus necesidades variables de trabajo la materia humana, siempre exportable y siempre disponible, independientemente del aumento natural de la población.”


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