Datos personales

Nací en Córdoba. Mis compañeros de estudios en el Instituto Fidiana me llamaban Tovarich. Participé en las movilizaciones fidianeras reivindicando tener un edificio propio. Miembro de la Plataforma de Estudiantes de la JOC. Militante de la JOC (1996-2001). Presidente del Consejo de Estudiantes de Filosofía y Letras de la UCO en el curso 97/98. Militante del Partido Comunista de España desde 1997, del que he sido Secretario Provincial en Córdoba desde marzo de 2010 hasta noviembre de 2011. Director de cordobaroja.es
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martes, 12 de noviembre de 2019

Sobre las elecciones del 10N de 2019


Hace casi cinco años que no escribo en el blog, no porque no hayan ocurrido cuestiones interesantes en estos cuatro años, sino por otras circunstancias. Mi ultima entrada fue reflexión electoral de las elecciones generales del diciembre de 2015. Hoy haré algo parecido pero con una visión más a larga duración.
Fuimos avocados a estas elecciones de ayer por la falta de acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos para llegar a un acuerdo tras elecciones que hubo en el mes de abril. Podemos entrar en un debate sobre quién fue el responsable si la intransigencia insomne de Pedro Sánchez a tener ministros de Unidas Podemos o si la intransigencia y obsesión de Pablo Iglesias en entrar (no él personalmente pero sí Unidas Podemos) en entrar en el Consejo de Ministros. Fuera quién fuera el responsable según el relato, se plantea en un fracaso de la izquierda en gobernar juntos (en cualquiera de sus fórmulas), que se vuelve más dramático porque ahora la extrema derecha está bastante más fuerte que en abril y la suma de PSOE y Unidas Podemos es ahora menor que entonces y, en consecuencia, la dependencia de los partidos nacionalistas/regionalistas (se mete a todos en el mismo saco) se hace más necesaria. Pero todo ello, en mi opinión y desde una perspectiva histórica se quedan cortos.
ESPAÑOLES, EL RÉGIMEN DE LA TRANSICIÓN HA MUERTO

El sistema surgido de la Transición se fundamentó en un pacto entre sectores procedentes de la dictadura (franquismo sociológico) y los sectores procedentes de los distintos antifranquismos. Este pacto era la versión actualizada de los dos proyectos que históricamente han confrontado en la España contemporánea; el federalismo (procedente del partido democrático del s.XIX, y que nada o poco tiene que ver con la cuestión territorial y mucho con la democracia y los derechos sociales) y el tradicionalismo (heredero del carlismo del s.XIX), defensor básicamente de la religión y la monarquía y de un concepto de España basado en la tradición.
La Guerra de España de los años treinta fue el enfrentamiento entre los herederos del republicanismo federal del s.XIX (el republicanismo, las tendencias del movimiento obrero y los distintos regionalismos -el más importante el catalanismo republicano-) agrupados en el Frente Popular y este de hecho aliado a un partido de derechas y católico como el PNV, y una coalición golpista, que basada en el catolicismo y la defensa de (“su concepto de”) España, se habían sublevado contra el gobierno de la República..
Aquella Guerra provocó el establecimiento de una dictadura tradicionalista de carácter fascista encabezada por Franco. En ese momento ese tradicionalismo lo denominaremos franquismo. Pues esa dictadura entra en una crisis de régimen en la primera mitad de los años setenta. Habrá un sector amplio de ese franquismo que entendió que el régimen (como instituciones) era insostenible y la democracia vendría a España. En ese momento, ese sector decide encabezar el proceso en base a la reforma de las instituciones franquistas para mantener los principios del franquismo en España (franquismo sociológico) en vez de quedarse en la represión y que sea la oposición (encabezada por el PCE) quién trajera la democracia en España, con un componente social que se llevaría por delante buena parte de los privilegios de la oligarquía social que provocó y ganó la Guerra, y que sustentaban la dictadura.

¿Qué tiene esto que ver con las elecciones del domingo? Mucho. Aquella situación es la que explica el pacto o pactos que llamamos Transición, y sobre los que se ha sustentado el sistema político que hoy rige en España. Aquellos pactos (de silencio y de la Moncloa -ambos en 1977-, Constitucional -1978- y autonómico -1981-) eran vistos de dos formas bien distintas; para el franquismo sociológico esos acuerdos son la meta, el “non plus ultra”, unos acuerdos de máximos que no se pueden pasar. Para los antifranquismos, sin embargo, era el punto de partida para una España más democrática y social o territorial.
Este sistema funcionó con holgura hasta 2010, en buena medida porque había dos partidos (PSOE y PP) que integraban el antifranquismo y el franquismo sociológico (o dicho en larga duración el federalismo y el tradicionalismo) en el régimen político.
En 2010, entre mayo y junio se llegan a varios límites del régimen; los recortes de Zapatero supone convencer a un sector de su base social que el régimen político estaba al servicio de la oligarquía, en consecuencia, no era una democracia, por eso un año después surgió el movimiento Democracia Real, Ya (el 15M), que pedían ir más allá de los límites de la Transición. Posteriormente, se concretaría en la aparición de un partido, Podemos, que recogería, junto al PCE e Izquierda Unida, organizaciones que desde lustros atrás ya reclamaban una república, esa necesidad de ir hacia una España más democrática y social.
En ese mismo mes de mayo de 2010, se procesa al juez Baltasar Garzón por tratar de juzgar los crímenes franquistas, que bien a mostrar otro de los límites de esta democracia, y a reforzar lo que señalado en el párrafo anterior.
En junio de 2010, la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el estatuto de autonomía de Cataluña suponía no sólo marcar el límite del sistema político sino la ruptura del pacto constitucional. Como consecuencia de esto, y de la ley de estabilidad presupuestaria, pondrá en marcha el llamado “procés” para la independencia de Cataluña, a partir de 2014.
LAS CUATRO ELECCIONES

Toda esta situación termina por producir una crisis política profunda en dónde se ponen encima de la mesa tres vías de posible salidas;
  1. Superar los límites de la Transición. Sería la manifestación actual de esa visión del antifranquismo de mejorar las libertades conseguidas en la Transición; ante lo que supone en la práctica la necesidad de un proceso constituyente de forma explícita (Izquierda Unida y Podemos) o de una forma implícita (partido catalanistas).
  2. La vía reformista; modificar algunos aspectos del sistema político para mantenerlo, aquí nos encontramos al PSOE y a Ciudadanos.
  3. La vía continuista; representada por el PP que significaba no darse por aludido de las necesidades de cambio en la sociedad; mantener un sistema político u social. Es el heredero del “non plus ultra” del franquismo sociológico.
El PSOE es la organización sobre la que pivota toda la crisis del régimen político. Su incapacidad por mantener su papel histórico desde los años sesenta era la causa de la crisis del régimen.
Recordemos qué ocurrió en aquellos meses; Un PP que ganó las elecciones pero que no tenía aliados para llegar al gobierno; un PSOE que decía que no daban números de un acuerdo con Podemos e Izquierda Unida más los nacionalistas, pero que, sin embargo, alcanzó un acuerdo programático con Ciudadanos, a pesar de tener menos apoyos que un acuerdo con Podemos e Izquierda Unida, y condenado al fracaso por la imposibilidad de ser aceptado por los nacionalistas.
Si vemos todo esto, no en clave partido sino en clave de salida de crisis; lo que nos encontramos es que la salida continuista tenía 123 escaños; la vía reformista (con acuerdo firmado) 131 escaños; la superadora de la Transición con 95 escaños pero no compacto sino con dos proyectos distintos, uno de ámbito nacional y preocupado por la cuestión social y democrática con 71 escaños (Podemos y sus confluencias e IU) y otro de 24 del catalanismo y el nacionalismo vasco en sus distintas variantes.

En porcentaje de voto por orden de apoyo sería el siguiente; Salida reformista tenía el 36% de los votos; la salida superadora de la Transición tendría el 31%; de los cuales el 24% sería la opción del cambio social representada por Podemos e IU y el 7% del problema territorial.
Dicho de otra forma la sociedad española estábamos divididos en tres tercios... Esta situación provocó unas nuevas elecciones; en las que la salida continuista salió reforzada electoral y políticamente. Si bien la situación seguía bloqueada; la salida continuista, esto es el PP, obtenía 137 escaños y 33% de los votos; la salida reformista quedaba rota; mientras Ciudadanos y Coalición Canaria (33 escaños y 13% de los votos)optaron por respaldar la vía continuista; el PSOE (85 escaños y 22% de los votos) se negó a abstenerse para permitir el gobierno de Rajoy, llegándose a un golpe de estado interno en octubre de aquel 2016. La salida rupturista social (Podemos e IU ahora aliadas en Unidos Podemos) conseguía 71 escaños y el 21%. Mientras la cuestión territorial tenía el 7% de los votos y 24 escaños; pero este bloque se rompió al pactar el PNV con el PP.
En los meses después, y especialmente un año después de la llegada de Rajoy al gobierno, el problema catalán se recrudeció con la consulta del 1 de octubre, el discurso del rey y la aplicación del 155. Quedaba palpable que la Constitución tenía una salida propia a la crisis catalana, salvo la propia aplicación del 155, que resultó ineficaz para resolver el problema. Este tema fue arrastrando a Ciudadanos hacia unas tesis más cercanas al continuismo que al reformismo, desdibujando su espacio.
Y así se llega a la sentencia de la Gurtel y a la moción de censura. Un punto de inflexión histórico. Por varios motivos. Los antifranquismos históricos se reagrupan en una especie de resurrección del Frente Popular y del hilo federal del que hablábamos anteriormente; y dónde se agrupan ideológicamente socialistas, populismo político del 15M, el comunismo, los catalanismos y los nacionalismos vascos; algunas organizaciones como el PSOE, PCE, ERC y PNV ya formaron parte del Frente Popular en su día. En la práctica todo el bloque rupturista y un sector de reformismo (este contra su voluntad) se aliaban por salud democrática (no permitir gobernar a un partido condenado judicialmente), pero sin un proyecto único de país. Sobre esto volveremos ahora después.
El reformismo quedaba roto, ya que Ciudadanos, llamado a buscar entendimiento con el PSOE, fue la única fuerza política que -llamando a la regeneración- se opuso a echar a un partido condenado por corrupción.
Pero el continuismo se veía sometido a una crisis, viendo como aparece una nueva salida a la crisis que la involucionista. Es decir, sectores hasta ese momento situados en el continuismo, que al ver el fracaso de esta vía, rompían con el pacto constitucional y plantean una involución (por ejemplo el fin de las autonomías) a un punto intermedio entre la dictadura franquista y la democracia surgida de la Transición.
En resumen, un bloque rupturista, que aunque con contradicciones internas y sin un proyecto común, busca una salida superadora de la Transición; un nuevo pacto que obviamente, en la vía de los hechos debería desembocar en un proceso constituyente.
Pero esta vía queda obstaculizada, por el reformismo del PSOE que no está dispuesto a atravesar el Rubicón constitucional. Por otro lado, el reformismo de Ciudadanos en la práctica se convierte en una prolongación del continuismo (o incluso de la involución). El continuismo, refugio del franquismo sociológico, ve a es este saltar hacia una salida de ruptura constitucional por involución.
PSOE y Unida Podemos llegan a un acuerdo programático, que no obstante necesitan el apoyo del bloque nacionalista, que para apoyar quiere buscar una salida (esto es superar la Constitución) para el problema catalán. Esto lleva a unas elecciones en el mes de abril.
La salida reformista obtiene el 45% de los votos y 183 escaños; la rupturista 23% (un 15% de la cuestión social y un 8 del bloque territorial); un 17% del continuismo con 68 escaños y la salida involucionista con un 10% de los votos y 24 escaños.
He aquí la paradoja; aunque el reformismo tendría mayoría absoluta la inercia generada (moción de censura, problema catalán y clave antifascista de estas elecciones tras los comicios andaluces) genera una brecha insalvable a esta salida, ya que Ciudadanos (opuesto a la moción de censura, muy polarizado en el tema catalán y aliado de la extrema derecha en Andalucía) se escora hacia la derecha; mientras el PSOE recibe muchos “votos útiles antifascistas” que procedentes desde la izquierda votan para frenar a la extrema derecha y para un gobierno de izquierdas. Dicho de otra forma; la salida reformista queda imposibilitada por los izquierda/derecha y franquismo sociológico/antifranquismo. La vía continuista queda imposibilitada ante la realidad (el reforzamiento de su discurso le llevaría a las tesis no constitucionalistas del involucionismo, pero cualquier vía de diálogo les llevaría a reconocer la necesidad de reforma del sistema político; esto es, a jugar el papel del reformistas). La salida rupturista se encuentra en la misma tesitura que anteriormente, una fortalece y utilidad para evitar el avance institucional del franquismo sociológico en alianza con el reformismo del PSOE, pero este bloquea cualquier superación de los límites de la Transición, si en diciembre de 2018 fue la inviabilidad de una negociación sobre Cataluña; en verano ha sido la imposibilidad para el régimen que lleguen al gobierno opciones anticapitalistas; esto es Unidas Podemos.
¿Y AHORA QUÉ PUEDE PASAR?

En las elecciones del domingo, está situación se ha agravado.
Hoy la salida reformista (PSOE, Ciudadanos, Más País y algunos regionalistas como los cántabros o canarios, posiblemente el turulense) tienen el 38% de los votos y 137 escaños; la segunda salida en fortaleza es la rupturista (Unidas Podemos y los distintos nacionalismos) con un 23% de los votos y 71 escaños. La salida continuista se sitúa en el 21% y 90 escaños, y finalmente la involucionista con el 15% de los votos y 52 escaños.
En la salida reformista está en vía muerta porque, no sólo ha reducido su apoyo, sino que tiene una fractura insalvable como para hegemonizar la salida. El problema en el rupturista es doble; no hay, nunca lo ha habido un proyecto propio, y además se ha invertido la relación entre los dos bloques que lo integran; si antes el bloque social (Podemos-IU) tenía más peso que el territorial ahora se ha invertido. El continuista está bloqueado; no puede moverse para ningún sitio sin dejar de ser lo que es; le toca asumir un proceso de reforma o de involución, pero su tren está en vía muerta.
Si en 2010 el PSOE empezó a tener la incapacidad de seguir jugando su papel hoy los dos pilares del régimen dentro del sistema de partidos (PSOE y PP) ya no están en una situación de incapacidad sino de imposibilidad, porque el régimen surgido de la Transición ya no es válido, y eso hace inviable las vías reformistas y continuistas.
Resulta más difícil saber qué va a ocurrir al corto plazo; si se llegará a un acuerdo o si repetiremos elecciones; pues más allá de “pactómetros” de la tele está la viabilidad de las distintas salidas a la crisis de régimen.

Hay tres posibles vías de salida;
  1. Que el PSOE asumiese la posibilidad de una superación del sistema de la Transición a través de conformar un frente amplio democrático (una versión frentepopulista actualizada o la reactivación de las raíces federalistas comunes) en alianza con la mayor parte del bloque reformista (Más País, regionalismo cántabro, tal vez el turulense) y las tendencias rupturistas (Unidas Podemos, ERC, PNV, EH Bildu, PdeCat)
  2. Que el PP cambie su rol (aunque le costase su inmolación política) y adopte el papel que ha tratado de jugar Ciudadanos y conforme junto al PSOE (con aliados de uno y otro) y proceso de reforma formal del Régimen.
  3. Que aparentemente nadie cambie su postura, probablemente en este proceso asistamos a algo que ya se ha producido en otras ocasiones en la historia de España y es la sustitución rápida de un partido en la derecha por otro; en este caso la inviabilidad del continuismo llevaría a la involución.
En cualquier caso, si la opción 1 se concretara no sería incompatible, aunque con matices, con la 3. El avance necesario más allá de 1978 por el camino republicano-federal, aunque sea mínimo, significará el resurgir requeté. 

EPÍLOGO:

Este texto fue escrito el día 11 de noviembre por la noche, ya madrugada del 12 en parte. En unas horas se ha hecho público el preacuerdo entre PSOE y Unidas Podemos de un gobierno de coalición, producto, según las palabras de la ministra de Defensa en funciones de la amenaza que supone el grupo de diputados de la extrema derecha. Es pronto para conocer la evolución que tendrá y si será el principio del escenario 1 propuesto, pero habrá que estar atento al desarrollo del mismo.

lunes, 1 de junio de 2015

Una mirada a la historia para el futuro: Frente Popular

En último año, desde la Europeas, se ha puesto de "moda" el hablar de convergencia y de candidaturas de unidad popular o de frente popular. Tras las elecciones municipales de hace una semana, y el éxito relativo (salvo Barcelona, en ningún lugar han sido estas coaliciones la primera fuerza política).
Hay quienes se están lanzando a apostar para las generales a la necesidad de candidaturas de unidad popular, pero cabe hacerse varias preguntas; ¿Qué es unidad popular? ¿Por qué esas candidaturas? ¿Qué condiciones han de reunir esas candidaturas y que costo? ¿Para qué dichas candidaturas?.
He de reconocer que no me gusta el término unidad popular, que tiene una resonancia al Chile de Allende, y creo que aquel fue un proceso tan interesante y tan profundo que no se corresponde realmente con lo que hoy se está hablando en España. Si por unidad popular entendemos una coalición de organizaciones tenemos un antecedente en nuestra historia que es más comprensible como es el Frente Popular de 1936. Ya retomaremos esta idea.

Pero creo que se está cometiendo un error crucial en el último año; desde las elecciones Europeas, en la que Izquierda Unida pasó de 1 a 6 eurodiputados (algo de lo que ya casi nadie de acuerda) y la irrupción de Podemos con 5 eurodiputados (algo que sí se ha recordado de forma permanente en los mass media), han situado la solución de los problemas del país en la vía electoral, y se ha producido un abandono de la movilización social que había sido la gran protagonista en los años anteriores. En el caso hipotético de un gobierno no bipartidista no se podría llevar una política antitroika si no hay músculo en la calle; sin una movilización no hay poder popular que se enfrente al poder del mercado y la élite española.

Cuando se habla de unidad popular el gran olvidado es el poder popular. Valga un ejemplo; hace casi un año el Frente Cívico hizo un llamamiento a crear un contra poder. El propio Frente Cívico cometió el error -si de verdad el interés era crear un contrapoder ciudadano- de introducir en el debate la creación de una candidatura a la municipales; aquel proceso adoptó desde el minuto uno una deriva electoral que terminó por generar la ruptura del conglomerado que fuimos convocados a la primera reunión en julio. Las consecuencias han sido que en las elecciones municipales han habido dos proyectos que participaron en aquella reunión en el Rey Heredia; de un lado una Izquierda Unida más militante y  más marxista en décadas, que ha aguantado el tipo (mantiene los cuatro concejales que tenía) y por otro lado, una coalición encubierta de Podemos, Equo y Frente Cívico de Anguita que con un discurso ciudadanista, y bajo la formula jurídica de agrupación de electores, han logrado también cuatro concejales. Parece obvio, que en Córdoba hay un número similar de personas (la diferencia de votantes es de seiscientos) que se sienten identificados con el discurso comunista clásico y otros con el posmodernismo ciudadanista.
¿Por qué se produjo la ruptura en noviembre? ¿Era realmente un debate meramente jurídico? A parte de cuestiones políticas como la Diputación y económicas de cara a la campaña, había una cuestión identitaria. La agrupación de electores era la culminación del ciudadanismo frente a la organización; para Podemos que al fin y al cabo responde a la misma lógica no supone gran daño, todo lo contrario ya que la hegemonía y referencia de ese discurso en el partido complutense; para personas a título individual que han participado de ese proceso el ciudadanismo es lo natural; y Equo tiene gran capacidad para adaptarse al medio. Sin embargo, para los que procedemos de la tradición comunista (es decir, del "¿Qué Hacer?" de Lenin) el Partido forma parte de nuestra identidad militante, y por lo tanto pedirnos, como en octubre-noviembre se hacía, en pedirnos que renunciáramos a nuestro Partido para ser ciudadanos era tanto que pedir dejaremos de ser nosotros: soy soy ciudadano (por cierto categoría política) en tanto comunista; y soy comunista en tanto que ciudadano. Por lo tanto, no estoy donde se me pide dejar de ser yo.
Dicho esto, y en perspectiva de futuro. Si se opta (aunque Podemos parece que ya ha anunciado que optarán por el camino solitario) por candidaturas de unidad popular. Ir a las generales, con Ley D'Hont y circunscripciones provinciales, supone muchas cosas pero desde luego no un avance para los que se han estado movilizando en la calle en estos años.
Ahora bien, pero si  se presenta una lista única no debe de hacerse desde la exclusión como ocurrió en  Córdoba en las municipales, si hay que ir en lista única que lo sean de Frente Popular.
El 15 de enero de 1936, el periódico El Socialista publicaba el programa del Frente Popular, coalición integrada por seis partidos y un sindicato, señalaban que "sin perjuicio de dejar a salvo los postulados de sus doctrinas, han llegado a comprometer un plan político común". Lo significativo de dicho documento es que se señalan los puntos de acuerdo (esencialmente la libertad para los presos políticos y la defensa de la República y las reformas sociales) pero también las discrepancias entre las distintas fuerzas.
Una gran lección que nos da la historia para el futuro inmediato; si lo que nos une es el rechazo a la reforma del artículo 135 y los recortes emanados de él; si lo que nos une es iniciar un proceso constituyente unámonos en torno a esos puntos sin que nadie tenga que renunciar a su programa de máximos. Si esto no ocurre se estará jugando a otra cosa.

Vease también España en Marcha

jueves, 13 de noviembre de 2014

El perol cordobés del domingo


25 años años después: Dolores vive, la lucha sigue


Leo una reflexión en un blog sobre la traumática y transcendental V Asamblea de Ganemos Córdoba. Dicha reflexión, hecha en un tono conciliador, me da pie a realizar algunas reflexiones.
Como digo lo sucedido fue traumático puesto que más allá de las fórmulas administrativas que se debatían había un elemento más profundo, que se visualizó ya en la IV Asamblea, y que para los que militamos como comunistas (incluyo en el este concepto a todo el espectro que milita en IU aunque no sean del PCE) se nos ponía entre la espada y la pared; se nos exigía a renunciar a una parte de nosotros (como individuos ciudadanos y como colectivo). En aquella Asamblea se nos acusaba de llevar estrategias y hasta de hablar ¡como si las demás organizaciones (de facto) presentes allí no llevasen las suyas propias!. Se generaba un ambiente maniqueo de ciudadanos frente a los comunistas organizados. Toda la pureza de un lado todo lo perverso del otro.
La V Asamblea fracasó (sí, fracasó si se trataba de unir a toda la sociedad anti-troika en una papeleta electoral), pero la catástrofe se fue gestando desde la I Asamblea por falta de empatía. Por falta de ponerse en la piel del otro por quienes lamentan que IU se marche (cosa que aún no está decidida por ningún órgano).
Hagamos un recordatorio de todo lo sucedido desde julio, si de verdad se quiere avanzar. El Frente Cívico lanza una convocatoria cuyo objetivo es crear un contrapoder ciudadano, y convoca a organizaciones entre ellas a tres partidos. En aquella I Asamblea, en el Rey Heredia, plantee en mi intervención algunas claves (ver aquí, empieza a partir del fotograma en 1 hora y 13 minutos) como; el respeto a la identidad de los colectivos; lucha contra la troika dentro y fuera de la institución; crear un contrapoder o poder popular; programa común de distintas listas electorales; y que nos viésemos las caras para seguir avanzando. Sin embargo, desde esa misma asamblea había quienes llevaban clara que su idea era una apuesta por una única lista electoral de cara a las municipales en forma de agrupación de electores. Esa fue la postura que se ha terminado imponiendo con fuertes chantajes (digamoslo aunque sea políticamente incorrecto); como cuando varios intervinientes en la V Asamblea, afiliados a los otros partidos, llegan a “chulear” de que no iba a existir coalición electoral porque ellos no iban a participar de una coalición. Esa postura planteada sin ir más lejos el pasado domingo significaba un golpe a la única línea roja que tenía IU.
Izquierda Unida había aceptado ir en una lista única; que en la papeleta no fuese el nombre ni el logo de los partidos; que la lista se elaborase, no por cuotas de partidos, sino por primarias -aunque en nuestra militancia ese sistema no gusta, pero nadie lo ha puesto en cuestión-; en ningún momento se ha planteado que nuestro alcaldable tuviese que ser el de Ganemos Córdoba. Hemos estado trabajando desde el principio, y a un dato me remito -en la IV Asamblea casi todos los ponentes eran miembros de IU, y eran ponentes porque habían trabajado desde el principio. Aprobación unánime del manifiesto de Ganemos Córdoba. La única línea roja, la única, era la formula administrativa por las razones jurídicas (y políticas) que se plantaba en el debate, y que hoy ya no ha lugar. No se ha recibido ni empatía ni reciprocidad.
Cuando una pareja o una relación uno de los integrantes trata de anular la personalidad del otro, desde luego no es una buena relación.
Ahora hay quienes lamentan la marcha de IU (cuestión que no se ha decidido). Pero si tan importante es IU para el proyecto debía de haberse medido antes las actitudes, los discursos, la virulencia, las imposiciones sobre la base de dicha empatía y la reciprocidad. Ahora hay lágrimas de cocodrilo (o de caimán ya que estamos en Córdoba). Esperemos, por el bien de nuestra ciudad, que esas lágrimas no se conviertan en mayo en llanto de Boabdil.
Como decía antes, desde la I Asamblea ha habido el empeño de apretar el acelerador en un determinado camino, y las prisas no son buenas consejeras.
En un perol cordobés se necesita su rato para mezclar los ingredientes del sofrito y también su tiempo de cocción del arroz para que salga bueno. Si en el perol se echa demasiada leña puede pasar que por un lado el arroz se queme y por otro quede crudo.
Sin lugar a dudas, nosotros los comunistas (incluyo al conjunto de la militancia de IU) estaremos donde siempre hemos estado convergiendo en las luchas contra el capitalismo y por la república y el socialismo allí coincidiremos con quiera estar.




martes, 5 de marzo de 2013

¡UH, AH CHÁVEZ NO SE VA!


Recuerdo un día que al llegar a la cafetería de la Facultad de Filosofía y Letras ver en el periódico Córdoba la noticia de que en Venezuela había sido elegido un tal Hugo Chávez. La foto que acompañaba la noticia era toda una tarjeta de presentación; Fidel Castro dándole un abrazo al nuevo presidente. Gracias a aquella foto me interesé por el personaje. Me enteré de que en 1992 había encabezado un levantamiento militar, levantamiento que recordaba haber escuchado en su día en la radio.
Cómo digo me interesé por su proyecto político, y cuando aún desde sectores de la izquierda social se mostraban recelosos de él, por lo que contaban los medios de comunicación, a mi me resultaba interesante la Revolución Bolivariana que preconizaba, en donde con planteamientos patrióticos se enfrentaban al neoliberalismo.
Recuerdo aquel abril en el que los fascistas e imperialistas lo derrocaron, fue ese fin de semana la Fiesta del PCA en Granada, de pronto, la noche del sábado empezó a haber rumores de que el pueblo había tomado Miraflores. Las caras de los viejos camaradas cuando la noticia se confirmaba no se me olvidará. Aquel golpe disipó las dudas a los que aún tenían dudas; si Bush y Aznar trataban de derrocarlo, sería por que no sería tan malo.
Un par de años después tuve la oportunidad de oírlo en persona en Madrid, e incluso de estrecharle la mano en la Estación de Atocha donde vino a homenajear a las victimas del 11-M. En ese momento pude hacer la foto que ilustra este artículo.
Chávez consiguió lo que Allende no pudo; llevar a cabo un proceso revolucionario socialista a través de las urnas, y que el imperialismo y el fascismo no pudieran evitarlo.
Chávez, pasará a la historia por se la persona que personificó un proceso popular que puso otra vez encima de la mesa al Socialismo.
Si en 1989 al Socialismo se le puso una lápida y se le dio por muerto, el proceso revolucionario que Chávez personificó volvió a ponerlo de actualidad y actualizarlo, bajo el nombre de Socialismo del siglo XXI.
Y a los que esperan ahora que, con el fallecimiento del Presidente, el neoliberalismo vuelva a Venezuela y América Latina, sólo recordarles que Chávez fue derrocado en 2002; y la clase obrera venezolana fue la que se comió a los golpistas. Chávez ya no está; pero su pueblo se queda.
En una Europa de los recortes, Chávez tiene que ser un referente. El referente de cómo con voluntad política, y aún jugándose la vida por ello, se puede hacer una política distinta, que no sea la ordenada por "los mercados". Esa es la gran enseñanza de Chávez, y por ello toda persona que en Europa quiera combatir los recortes deberían de acercarse no, ya a la persona que hoy ha fallecido, sino al proceso de la Revolución Bolivariana; las misiones sociales, la democracia participativa, los referéndum revocatorios...
Por su opción de lucha contra el neoliberalismo, de internacionalismo, de profundización de la democracia -más allá de formal que tenemos en España-, por el protagonismo de las organizaciones populares; en definitiva por abrir una nueva vía a la Democracia y al Socialismo, Hugo Chávez pasa a la Historia.

Camarada, que la tierra te sea leve.

Publicado también en larepublica.es

lunes, 18 de febrero de 2013

Ojalá me equivoque. A Beatriz Talegón

Acabo de ver por youtube el video de un programa de Tele 5 en el que la portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, Ada Colau, coincidía con la dirigente de la Internacional de las juventudes socialista, y convertida en la rebelde de la socialdemocracia en un hotel de cinco estrellas, Beatriz Talegón.
Este programa tenía lugar en el momento horas después de haber sido expulsada la socialista de la manifestación en apoyo de la ILP contra los desahucios de ayer.
Tras una semana desde que la "Pepita Grillo" de la socialdemocracia salió a la palestra, y tras dudas sobre si se trata de algo sincero o un lavado de cara del PSOE, la dirigente socialista, en este programa se defiende afirmando que se trataba de unas críticas sinceras, y que por ello era incomprensible que la expulsasen de la manifestación.
Esto me plantea algunas cuestiones. Partiendo del hecho de que no negarme a esa posibilidad de unas críticas sinceras, parto de mi experiencia para plantear algunas cuestiones.
¿Cuál es mi experiencia? Soy casi una década mayor que Beatriz Talegón y además historiador, esto me da recuerdos de promesas de Felipe González sobre los puestos de trabajo que nunca se crearon; sobre las salidas de la OTAN que se convirtieron en permanencias; de reformas laborales que trajeron las ETTs; del PSOE que paralizó en los ochenta a los movimientos sociales; al PSOE que cuando no está en el gobierno se pone la "chaqueta de pana" para atraerse el voto de izquierdas, y una vez el gobierno hace lo contrario...
Sí, Beatriz puede decir, como dice en la entrevista, que ella nació en el 83 y que no se le hable del GAL ni de cosas sobre las que ella no tiene responsabilidad.
Bueno Beatriz, y esto lo dice una persona que milita en otro partido político, en mi caso el Partido Comunista de España, cuando uno milita en una organización lo hace porque coincide con sus planteamientos políticos; y estos no son sólo filosofía, sino que también son la trayectoria de la organización.
Según tu argumento, yo -que nací en 1975- no debería de sentirme vinculado a la defensa de la República que mi partido hizo, no debería sentirme vinculado a la lucha antifranquista que realizaron hombres y mujeres, que arriesgando su vida, militaban y combatían en el PCE durante cuatro décadas de fascismo; no tendría que sentirme vinculado al papel del PCE en la Transición; ni tampoco a la lucha contra la OTAN y por la paz que mi partido ha defendido siempre... Pero, aunque yo no fuese militante del PCE en esas fechas -o tan siquiera viviese- son esas acciones las que me hicieron militar, y por lo tanto asumo, no solo su filosofía sino su acción, pues aunque con errores -o al menos así lo entiendo yo en algunos casos- el balance lo veo positivo, y esto me lleva a asumir el conjunto de su filosofía y de su acción.
Supongo, Beatriz, que si militas en el PSOE es porque te identificas con sus acciones, y por eso decidiste entrar en el PSOE y no en otra organización. Y eso automáticamente te convierte en alguien asume su trayectoria para lo bueno y para lo malo.
Ese es tu problema del #16F...
No pongo en duda, que tus palabras y tu sentir fuesen sinceros, pero chirrían de alguien que es la líder de las juventudes socialistas del mundo, de una internacional en la que participan personalidades que han legislado en contra de los trabajadores, eso te convierte o en alguien que no sabe dónde está; o en una incoherente; o en alguien que está representando un papel.
Y a mi me suena a esto último, ¿Cómo es posible que repitas tanto en tus entrevistas que los grandes líderes que asumieron hace décadas el capitalismo -y sus consecuencia- ahora lloraban y aplaudían? ¿Acaso se cayeron del caballo? ¿Acaso no sabían sus consecuencias hasta que una joven se lo dijo desde el "púlpito"? No, a mi me parece más un lavado de imagen, y más conociendo la habilidad del PSOE para disfrazarse de izquierdas cuando no está en el gobierno, de ir a manifestaciones que de estar en el gobierno no irían... Pero la gente en España parece que al fin lo han calado, y eso genera la reacción de la tarde del #16F contra Talegón y del ex ministro López Aguilar -muy buena compañía para una militante de base-.
En cualquier forma, ojalá esté equivocado y Beatriz Talegón sea que realmente en el PSOE está pasando algo como ocurrió tiempo atrás en Alemania con Oskar Lafontaine o en Francia con Jean Luc Melechon y no una nueva Felipe González. El tiempo lo dirá, y no habrá que esperar mucho.

lunes, 31 de diciembre de 2012

El "Annus Horribilis" de los españoles

Por estas mismas fechas hace veinte años la reina Isabel II de Inglaterra pronunció un discurso en el que se refería al año 1992 como "Annus horribilis". Tomo la regia expresión para hacer este artículo por que la verdad, que si la expresión se traduce como "año horrible" este 2012 que acaba hoy, es desde luego el más horrible para los españoles, probablemente desde 1936.
Durante todo el año se han estado planteando la idea de que los mayas habían previsto el fin del mundo para el 21 de este mes; hoy estamos en el décimo día de prórroga según los vendedores de apocalipsis. Decían que si se iba a combinar terremotos, huracanes, guerras y no sé que más cosas que generaban la catástrofe perfecta para el fin del mundo.
Y no, no se ha producido, pero como esos malos augurios en España sí se producido la catástrofe perfecta, un terremoto neoliberal y nacionalcatólico que tiene como epicentro al PP. Una organización que domina directamente en la mayor parte de las instituciones del estado español, y que indirectamente, a través de los presupuestos, indirectamente hasta donde no gobierna, me refiero a autonomías que se ven obligadas a recortar por imposiciones de la Administración Central.
Este concluyente año, es de un gobierno que va por la vida de nacionalista, que va por la vida envuelto en la bandera del estado (para ellos en la bandera de la Nación) y venden a la nación al mejor postor. Es el año en el que el Gobierno ha aplicado una terapia de choque, para que una sociedad en shock pierda derechos laborales; pierda derechos sociales; pague hasta por tener que utilizar una ambulancia; que repague los medicamentos que les hacen falta (como si fuese un vicio); que recristianiza a la poco laica educación pública, que privilegia a los que consideran a la educación un negocio y no un derecho humano; de un gobierno que ayuda como con millones de euros a los que han arruinado el país a costa de la ciudadanía, en un timo que cambia de modelo pero en el que el timador y el timado forzado siguen siendo los mismos. Un gobierno patriota que premia al que defrauda a la Nación; un gobierno que realiza una reforma laboral que sitúa en casi seis millones de personas sin trabajo las cifras del paro, mientras el ex presidente de los empresarios termina detenido por parecer presuntamente un derivado del cochino embutido.
 Es también el año del cazador cazado. De los dos animales africanos; el elefante, que en este 2012 se ha convertido en símbolo republicano, y las consiguientes lágrimas de cocodrilo borbónicas con su famoso "lo siento mucho. Me he equivocado, no volverá a ocurrir".

Un año en el que hay en marcha una ofensiva que se trata de hacer más ricos y privilegiados a un sector de la sociedad española y empobrecer a la mayor parte de la sociedad española. El boceto de la "nueva (vieja) sociedad" sociedad española está en el boceto del modelo educativo español de Wert; con un modelo que va a dejar excluidos y sin títulos a sectores de la juventud española. Si el fracaso escolar fuese neutro esta exclusión se repartiría equitativa. Pero al no ser así esta exclusión afectará a los sectores más bajos de la sociedad y a la clase trabajadora y capas populares. Y estos se verán excluidos, por motivos económicos, del acceso a la Universidad que hemos tenido los jóvenes de familias obreras de los años ochenta, y sobre todo noventa.
Altar Dentro del Ayuntamiento de Córdoba.
Este ataque, esta terapia de choque, esta reordenación neoliberal y nacionalcatólica de la sociedad española es trasversal a las administraciones en las que gobierna el PP. Si no miremos el caso del Ayuntamiento de Córdoba; donde hemos pasado este año a tener que pagar por disfrutar de la "Ciudad de los Niñ@s", un parque de acceso gratuito hasta hace doce meses; una ciudad que vio reconvertida su cabalgata de los Reyes Magos en una procesión de Semana Santa; la entrada del Ayuntamiento de Córdoba en un altar allá por el mes de marzo mientras se desmotaba en el Salón de Plenos el modelo de ciudad construido durante casi tres décadas. Una Escuela Infantil Municipal, acusada de "ikastola comunista" cerrada. Amenazas de privatización y despidos.Un obispo agradeciendo al gobierno municipal que ponga a la Virgen es su sitio desplazando a un Caimán  (sí tal como suena). Dificultades para que la ciudadanía pueda asistir a oír el Pleno del Ayuntamiento... Toda una creación de un "nuevo (viejo) modelo" de ciudad.
Pero 2012, ha sido también el año de la respuesta, dos huelgas generales; marchas mineras y jornaleras; movilizaciones indignadas; protestas que evolucionan hacia un cuestionamiento del régimen político, muestras de ellos las movilizaciones del 25-S y secuelas de esta o el Frente Cívico lanzado por Julio Anguita.
Dado que Rajoy sigue amenzando en el 2013, sólo me queda desear que esa rebeldía callejera del 2012 cuaje en el nuevo año y se convierta en un poder popular. ¡FELIZ AÑO 2013!  

martes, 6 de noviembre de 2012

Preguntas indignadas a la Revolución Rusa

Hoy es 7 de noviembre, tal día como hoy, hace noventa y cinco años, se produjo la Revolución de Octubre, la primera experiencia de construcción de una sociedad socialista, alternativa al capitalismo entonces (y ahora) imperante en el mundo.
Vista la efemérides en este 2012 me surgen algunas preguntas desde este continente (y país) sometido a terapia de choque neoliberal.
¿Alguien, en la Europa de 2012, cree que los capitalistas hubiesen aceptado la educación, sanidad, prestaciones sociales a los trabajadores si no hubiese sino por la Revolución de Octubre? ¿Alguien cree que estaría, aunque sea una mera formalidad, el derecho al trabajo, a la vivienda?
Cuando a la Rusia postsoviética se le aplicó la terapia de choque neoliberal en una década bajó la esperanza de vida diez años, ¿no nos deparará el destino a nosotros una situación similar si no paramos esta doctrina del shock a la €uropea?
¿Alguien puede poner en cuestión hoy que el poder político está al dictado de lo que exigen los grandes capitalistas, tal y como decía Lenin hace un siglo?
Durante dos décadas, más toda la propaganda anticomunista de las décadas anteriores, han convencido a una parte importante de la sociedad de lo negativo de la experiencia surgida de la Revolución de Octubre, pero, ¿de verdad podemos construir una alternativa anticapitalista sin mirar críticamente, y referenciarnos en lo positivo, que aportó a la humanidad aquel 7 de noviembre? Son preguntas para un mundo indignado con las consecuencias del neoliberalismo.

domingo, 5 de agosto de 2012

Agonía neoliberal de la Transición.




Llevo un tiempo en el que hay distintas cuestiones de la actualidad que me sugieren escribir, pero la propia actualidad hace que surjan otras nuevas. Tal vez por ello, esta reflexión sea algo más larga de lo habitual.
Esta tarde leo por facebook varias entradas relativas a la crisis del régimen surgido de la Transición, uno escrito por el diputado de Izquierda Unida Alberto Garzón  y otro por Pablo Iglesias Turrión, profesor de CC. Políticas de la Universidad Complutense, es una idea que llevo tiempo pensando y en la que coincido con los dos autores. Hace año y medio, en diciembre de 2010, ya escribí en el blog una reflexión en la que consideraba que 2010 marcaba elpunto de inflexión de la crisis del régimen de la Transición. Los acontecimientos acaecidos desde entonces (aparición del 15M, reforma constitucional, rescates, elefantes reales, doctrina del shock, posibilidad de un gobierno de concentración, cuestionamiento de facto del estado de las autonomías desde el propio gobierno) no hacen sino confirmarme en esta opinión.
Todo el mundo conoce que la Transición fue un proceso de paso pacífico desde la dictadura franquista a un régimen de libertadas. Ese proceso fue pactado entre los sectores procedentes del fascismo franquista, pero que optaban por tener un régimen similar a los de nuestro entorno, (UCD y AP -anterior denominación del PP-) con los sectores antifranquistas tanto de izquierdas (PCE, PSOE) como nacionalistas (principalmente el catalanismo -actual CiU-).
Para los sectores reformistas toda la Transición era un pacto de máximos, hasta ahí estaban dispuestos a aceptar. Para los sectores procedentes de antifranquismo era un pacto de mínimos.
No sólo el pacto constitucional, el pacto autonómico sino cuestiones como el pacto de silencio (Ley de Amnistía) hacia la dictadura, el establecimiento de una política de la equidistancia con respecto la Guerra Civil (“ambos bandos hicieron barbaridades”), el culto a la personalidad (campechana) del Rey (y su familia) y aceptación del régimen monárquico, acuerdos de la Iglesia y el estado, bondades de Europa. Todo se aceptaba por tal de huir del enfrentamiento civil o de involuciones, además se entendía que nuevo régimen gozaba de cierta neutralidad que permitía acceder al poder y realizar todo tipo de programa político, al fin y al cabo la Constitución era suficientemente ambigua como para permitirlo.
Los años ochenta fueron los años de esplendor del consenso surgido en la segunda mitad de la década anterior. Es en los noventa cuando se producen las primeras muestras de erosión de esos consensos. 1996, Fiesta del PCE: el secretario general comunista dice algo que llevaba cuatro años repitiendo; el Tratado de Maastricht vaciaba la Constitución de 1978 de todo su contenido social, lo cual suponía la ruptura del pacto constitucional, en que la derecha había aceptado los contenidos sociales de la Carta Magna y la izquierda, en palabras de Julio Anguita en aquel septiembre de hace dieciseis años: “En las horas difíciles de la Transición Española nuestro Partido, en aras del consenso para que el Estado Social y Democrático de Derecho estuviese contemplado en la Constitución priorizó los contenidos del mismo a la inclusión de los dos primeros principios en la Constitución (Estado Federal y Solidario y Derecho a la Autodeterminación) y pasó, transitoriamente, a un segundo plano, su lucha y su esfuerzo para que el futuro Estado Español tuviese la forma Republicana”.
El PCE había tenido, y lo tendría durante mucho tiempo (aún lo tiene), el grave problema de su doble personalidad (por identidad, la de ser un partido revolucionario, antisistema, por su historia en la Transición la de ser un partido padre del sistema), ya escribí algo sobre este problema.
Aquel discurso de Anguita suponía (ruido mediático aparte sobre el hecho -obvio, como dijo un obispo en aquel entonces- de que PCE era republicano) la constatación de la ruptura del pacto constitucional y el (lento) viraje del PCE y de Izquierda Unida hacia posiciones críticas con el régimen de la Transición. A partir de ese momento, se hicieron visibles en actos públicos la bandera tricolor.
Pero tendremos que esperar unos años para que el naciente movimiento de la memoria histórica ponga el dedo en la yaga de uno de los déficit de la “Democracia”, el silencio a los asesinados por defender la democracia republicana en los años treinta y cuarenta. Para la generación de los criados en “Democracia” los cuales mamamos desde la cuna las maravillas de este régimen no nos era concebible (ni aceptable) una democracia que mantenía en fosas comunes y en silencio la memoria de quienes lucharon por la propia democracia, pero la cosa no se queda ahí (en la existencia de fosas) hasta el punto de llegarse a enjuiciar u condenar al juez que se atrevió a investigar la cuestión.
Pero en honor a la verdad, éramos los jóvenes de la Transición pertenecientes a organizaciones obreras los que teníamos esta visión, el resto de la sociedad, y especialmente de la juventud, estaban o encantados con el régimen o directamente el régimen se la traía al pairo. Se vivía bien. Los valores cultivados en la sociedad eran los del neoliberalismo triunfante, y la gente los aceptaba y votaba entre los partidos que defendían con matices (más de moralidad -laica versus católica- que de otra cosa) ese modelo económico. Un interesante artículo de   Fernandez Steinko sobre esta cuestión lo leí en estos días profundiza sobre esta cuestión.
La visión idílica surgida de que el régimen de la Transición es una representación del pueblo empieza a caer cuando los dos grandes partidos, que son los pilares del régimen político (PSOE y PP) empiezan a ser percibidos como un todo (PPSOE) que sirven a los intereses del gran capital y la banca en contra de los intereses de la mayoría de la población. Cuando escribí “2010: La crisis de la Transición” se daba muestras de no ir más allá; condenado al juez que se había atrevido a buscar a los desaparecidos defensores de la democracia republicana; el deterioro físico del Jefe del Estado; la fatídica foto del presidente de gobierno recibiendo el dictado de la plutocracia nacional (presidente de Bankia incluido); y finalmente el discurso del Jefe del Estado en Nochebuena apoyando los recortes procedentes del mandato de “los Mercados”.
Sin embargo, la gran crítica al régimen vino a partir del 15 de mayo siguiente, cuando miles de españoles mostraron su crítica al bipartidismo sustentador del régimen, por que dicho bipartidismo no representaba a los gobernados sino a otros intereses. Una crítica a los políticos -en algunos casos sin hacer distinciones-, pero en el que se sintió identificada una gran cantidad de españoles, en base a una crítica genérica y a una falta de concreción programática. Esto genera el caldo de cultivo a concepciones como “sin banderas”, “sin partidos ni sindicatos”.
Desde entonces se está produciendo un proceso en el que el poder se ha sometido total y absolutamente a los requerimientos de unos expeculadores y capitalistas apodados “Mercados”, tratando de hacernos creer que se puede contentar a unos chantajistas, y mientras aprovechar para aplicar la terapia de choque descrita por Naomi Klein para empobrecer a la mayoría de la población en beneficio de una minoría. Se vive un proceso de deslegitimación de todo aquel que defienda que la mala gestión de los banqueros ha de tener un costo a la ciudadanía, máxime cuando además no tienen un comportamiento coherente (ya sean banqueros muy bien indemnizados; sean cargos públicos con buenos sueldos; o reyes cazadores).
La cuestión, es que en los meses que han pasado desde las últimas elecciones el bipartidismo está perdiendo apoyo según las encuestas; por otro lado surgen proyectos altamente rupturistas como el Frente Cívico u Ocupa el Congreso.
La reforma constitucional, el alejamiento de los políticos de la sociedad, la sumisión de las instituciones a los intereses del gran capital, la pérdida de la ejemplaridad del Jefe de Estado y su familia (a pesar del culto a la personalidad), el vaciado incesante del componente social del régimen español hasta límites insospechados hace algún tiempo o la involución centralista por vía de finanzas del estado de las autonomías. Es en la práctica el desmontaje del régimen surgido de la Transición.
Ahora, ¿para dónde vamos?
Obviamente el gobierno del PP está empujando a través de su terapia de choque a una involución dentro del propio régimen hacia posturas neoliberales (en lo socioeconómico), nacional-católica (en moralidad -ley del aborto-) y centralista. Sería la reconversión de la "Democracia" surgido en los años setenta en una plutocracia de facto.
Desde la ciudadanía, la indignación surgida desde el 15 de mayo del año pasado anda generando un caldo de cultivo que puede ir concretándose en dos metalidades (no hablo de proyectos políticos sino de mentalidad) que podríamos definir por un lado como pseufascistas y por otro como neojacobinos.
El primero, sería la mentalidad de esos sectores que siguen vinculados a los valores neoliberales; que se siguen considerando clase media; que tienen una visión microeconómica (vease el artículo de Steiko, mendionado antes); que como individualistas, rechazan cualquier organización (partidos, sindicatos), es el discurso del “sin banderas”; y que en definitiva estaba cómodo en delegar el poder en otros, siempre y cuando no vayan en contra de sus intereses microeconómicos cómo ahora.
La segunda supone evolucionar hacia valores republicanos; considerarse ciudadano (independientemente de tener identidad obrera o de clase media); que tiene una visión macroeconómica, de la necesidad de un carácter social por parte del Estado; que independientemente de que recelen de determinadas organizaciones quieren tener voz y voto a la hora de tomar las decisiones; son los que quieren (queremos) recuperar la democracia para el pueblo, que queremos que la ciudadanía se empodere.

sábado, 16 de junio de 2012

La Doctrina del shock en versión española


Llevo algún tiempo comentando en reuniones y en conversaciones que a España se nos está aplicando la doctrina del shock desde hace algún tiempo.
En 2007 la periodista Naomí Klein escribió el libro Doctrina del Shock. Auge del capitalismo del desastre. Dos años después Michael Winterbottom, Mat Whitecross  dirigieron un documental de igual nombre, basado en la obra de Klein. En ambos casos es una historia alternativa a la oficial de cómo se han ido extendiendo las tesis neoliberales, creadas por Milton Friedman.
Klein dice en la introducción de libro lo siguiente:
“Durante más de tres décadas, Friedman y sus poderosos seguidores habían perfeccionado precisamente la misma estrategia: esperar a que se produjera una crisis de primer orden o estado de shock, y luego vender al mejor postor los pedazos de la red estatal a los agentes privados mientras los ciudadanos aún se recuperan del trauma, para rápidamente lograr que las “reformas” fueran permanentes”.
Para reforzar esta tesis Klein reproduce dos citas de Friedman:
“sólo una crisis -real o percibida- da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo dependen de las ideas que flotan en el ambiente. Creo que esa ha de ser nuestra función básica desarrollar alternativas a las políticas existentes, para mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelva políticamente inevitable”.
“una nueva administración disfruta de seis a nueve meses para poner en marcha cambios legislativos importanates; si no aprovecha la oportunidad de actuar durante ese periodo concreto, no volverá a disfrutar de ocasión igual”.
En mi opinión estas tres citas se corresponden a lo que está ocurriendo en nuestro país desde hace algún tiempo, y especialmente en los últimos meses.
La última de las citas de Friedman está escrita en 1984, un año después -en otro capítulo del libro de Klein, se cuenta cómo- se realizó el
shock en Bolivia, que posee ciertos parecidos razonables con lo que se está viviendo en España desde que Rajoy está en el gobierno.
Según cuenta Naomi Klein en el “
Capítulo 7. “El nuevo doctor Shock””, en Bolivia se produjeron unas elecciones en 1985, en el contexto de una situación del país con una gran deuda externa y de una situación hiperinflaccionista, en las que venció Víctor Paz Estenssoro, quien en los años cincuenta había encabezado una revolución popular.
Diecisiete días después de asumir el cargo, Paz Estessoro tenía en sus manos un plan de shock, que tomaba como base una propuesta del economista norteamericano Jeffrey Sachs. Este plan preveía; eliminación se subsidios; anulación de controles de precios; congelación de sueldos a los funcionarios; duros recortes en el gasto del Estado, abrir las fronteras a las importaciones; y reducción de plantilla en las empresas estatales como paso previo a su privatización (KLEIN, p. 199). Tres semanas después se aprobó en el gobierno el plan. Automáticamente empezaron las protestas en la calle, produciéndose un incremento de la represión con la utilización del ejército; “La policía antidisturbios organizó redadas en los locales de los sindicatos, en la universidad y en una emisoria de radio, así como en diversas fábricas” (KLEIN p.206), se llegaron a detener y trasladar a dirigentes sindicales en campos de internamiento en la amazonía hasta que los sindicatos desconvocasen las protestas.
Aunque ni Rajoy ha sido un revolucionario nunca, ni el ejército ha participado en la represión contra las protestas ciudadanas ni han habido campos de internamiento; sí hay rasgos coincidentes entre el
shock boliviano de 1985 y el español de 2012. A saber:
  • Un presidente que gana las elecciones prometiendo un programa y que recibe el apoyo electoral de la población.
  • Un presidente que días después de la toma del cargo (en el caso de Rajoy diez días) anuncia un paquete de medidas que van en contra de lo prometido antes de las elecciones.
  • Al anuncio de que todos los viernes habrá más reformas (generando una situación de angustia en la ciudadanía de forma permanente; el shock en estado puro), además de mensajes contradictorios.
  • La respuesta ciudadana se encuentra con un incremento de la represión; detenciones de sindicalistas durante la huelga general; cargas de antidisturbios contra estudiantes de secundaria (Valencia) y mineros (Asturias); amenazas sobre quién convoque actos por las redes sociales o el levantamiento de la acampada en Sol.
Una de las acusaciones que se hacían anteriormente a Zapatero y ahora a Rajoy es la de improvisar, en mi humilde opinión creo que no es sino una forma de transmitir desasosiego en la población; de que la población no sepa por dónde la va a venir el próximo palo, porque no sabe qué hará el gobierno, porque este da la sensación que tampoco sabe qué hace. Inseguridad que genera miedo y con él el Shock.
Ya se publicó en rebelión.org en febrero de 2010 un artículo de Jesús Sánchez Rodríguez en el que advertía de la doctrina del shock en la España de Zapatero, decía ese artículo:
“La situación de shock, en el caso de España, lo representa sobre todo la elevada cifra de paro, la velocidad con la que se ha creado y la ausencia de un proyecto claro para revertir la situación. En su excelente libro, esta autora (Naomi Klein) describe la aplicación de esta doctrina durante los decenios en que tuvo lugar el ascenso y dominio del neoliberalismo”
Lo cierto es que desde Jesús Sánchez escribió estas palabras hemos sufrido tres fases del shock; la que describe en el artículo con el paro como eje; después desde mayo de 2010, tras la intervención en Grecia, que trajo el paquete de medidas (congelación de pensiones, recorte salarial de funcionarios, retirada del cheque-bebé,...), semanas después la reforma laboral, el anuncio de privatización parcial de AENA y Lotería Nacional, la utilización por primera vez del estado de emergencia (en un conflicto laboral), el retraso de la edad de jubilación a los 67 años, y todo esto acompañado de la sensación de improvisación del Gobierno.
La llegada de Rajoy al gobierno y sus anuncios de los “viernes de recortes” sería ya una nueva fase en el que la sensación de improvisación deja paso a la de la conciencia de la mentira contada y a la situación permanente de inseguridad por la reformas y con la prima de riesgo como telón de fondo.
Y desde el sábado entramos en lo que será una nueva etapa en el que será el rescate la excusa para generar el miedo y el estado de shock.
El shock no es inevitable, ahí están los cambios como los pueblos de América Latina, los primeros en sufrir los shock y hoy referente de políticas antineoliberales y socialistas; el saqueo tampoco ha podido con la revolución islandesa, que tras juzgar a sus banqueros y políticos entregados a estos, está creciendo económicamente.
La única forma de oponerse a la doctrina del shock es en su primer momento saber de su existencia;
lo que sucede en Europa no es un castigo del dios Mercado (que no existe) sino producto del choque de intereses entre los sectores más ricos de la sociedad y el grueso de la población; lo que en el lenguaje marxista se llama “lucha de clases”, en donde el 1% de la población necesita explotar al 99%, por eso este tiene que estar organizado y movilizado, para oponerse y construir una alternativa.

domingo, 8 de abril de 2012

A treinta y cinco años de la Legalización














Se cumplen treinta y cinco años de la legalización del PCE y veo el sábado un reportaje en el canal público sobre la misma, a través de una entrevista al entonces Secretario General del Partido. La voz en off dice en un momento del reportaje que el “supo renunciar a utopías revolucionarias para contribuir a que la democracia se abriera paso en España”

Esta frase encierra, a mi modo de ver, toda la contradicción del PCE en estos siete lustros, y me ha refrescado el debate que tuvimos en hace algo más de un mes en la agrupación Levante durante nuestra entrega de carnés, y que me sirvieron para pensar en algunas cuestiones relativas a la relación del PCE con el régimen surgido de la Transición, entonces las escribí y se las mandé a algunos camaradas. Hoy las recupero para el blog.

La chispa en aquel debate vino de la intervención de un camarada; que planteaba los problemas que tenemos para trasladar nuestras propuestas a la sociedad, ya que los medios de comunicación no nos sacan o si lo hacen es cuando hay problemas internos; y por otro lado, un sistema electoral que nos infravalora institucionalmente.

Sin embargo, lo que planteaba el camarada no es algo nuevo; ni su preocupación -compartida por muchos camaradas y compañeros/as de IU- ni el hecho en sí. Sin embargo, basta recordar una obviedad, durante la dictadura no teníamos acceso tampoco a los medios de comunicación, pero eso era una preocupación secundaria o terciaria. Sí, es cierto, estaba La Pirenaica pero, ¿acaso podemos pensar realmente, que de haber existido La Pirenaica en los treinta y cinco años que van desde su desaparición, la historia de España y del PCE hubiese sido esencialmente distinta?

El problema del problema -valga la redundancia- de la situación del PCE -y de IU- en estos treinta y cinco años de democracia no sólo hay que buscarlo fuera de la organización, no es producto sólo del cambio de la sociedad española, sino que hay un elemento que creo que siendo importante no se le presta especial atención y que tuvo -y tiene- consecuencias a lo interno principalmente del PCE. Me refiero a la relación del actual régimen político -llamado habitualmente “La Democracia”- y el Partido Comunista. Y aquí es donde se centró el debate de la Agrupación.

A partir de aquí, aunque algunas cuestiones las expresé en la reunión, son reflexiones generadas a consecuencia, y por lo tanto a posteriori de la reunión.

“La Democracia” ha sido considerada por una parte muy importante de nuestra militancia y dirigencia desde la Transición hasta hoy -aunque en los últimos lustros (y años) esta ilusión está disipándose al menos parcialmente- como un sistema político en el que se podría desarrollar nuestra política. Nuestro partido entraba de esa forma en la contracción fundamental de las últimas décadas para los comunistas; ser esencialmente un partido antisistema pero que era un partido padre del sistema.

Un partido comunista por esencia es anticapitalista y republicano. Sin embargo, los comunistas españoles en la Transición fuimos co-padres de una Constitución esencialmente capitalista y explicitamente monárquica. Esto llevó al PCE a optar por entre sus dos personalidades, optando por ser un partido “padre del sistema”; esto tenía consecuencias en lo interno, algunas hoy ya superadas -renuncia de la república adoptada en el Comité Central del (ironía)14 de abril de 1977- o el debate recurrente congreso tras congreso de la definición ideológica del Partido (IX Congreso de 1978).

Y esto último, la renuncia al leninismo, en mi opinión encierra -desde un vista histórico- una profundidad que no se le da suficiente importancia. La supresión del leninismo era una necesidad histórica para definir la paradoja a la que se enfrentaba el PCE en (y después de) la Transición de ser un partido antisistema padre del sistema.

Ser un partido favorable a la Constitución era un tranquilizante para determinados sectores de la sociedad española para los que el PCE era aún el demonio, pero significaba a lo interno asumir que el naciente régimen permitía profundizar la democracia, llegar al poder y avanzar hacia el socialismo. Esto implicaba a su vez que el modelo organizativo leninista, concebido para la lucha de clases revolucionaria -sobre base del oficio- dejase paso a un nuevo modelo electoral basado en el territorio. Y esto suponía modificar la definición ideológica del Partido, renunciando al leninismo.

Retomo, por donde lo dejé unas líneas más arriba, la esperanza de que “La Democracia” supusiese la posibilidad de que los comunistas pudiesen llegar al poder suponía presuponer cierta igualdad de todos los partidos con respecto al régimen político, y concederle una neutralidad social; suponía abstraer a “La Democracia” de su carácter de clase, de la utilidad que para el capital español tenía esta “Democracia” y esta “Transición”, bastaba con recordar El Estado y la Revolución de Lenin para saberlo, pero Lenin había sido suprimido. Pero bastaba con mirar directamente a Marx, a Engels o Gramsci para llegar a conclusiones similares.

Las consecuencias prácticas de esta opción política se van a traducir en tratar de gestionar lo mejor posible aquellas administraciones a las que se ha tenido acceso, en la esperanza de atraer votos para otras administraciones. Algo que casi treinta y cinco años después de las primeras elecciones postfranquistas se muestra un fracaso manifiesto, y de ahí las quejas del camarada a las que aludía al comienzo de esta reflexión. Las conclusiones que expresaba el camarada coincidían con algunas de las extraídas de la reflexión que las asambleas de Izquierda Unida realizaron después de las últimas elecciones municipales.

Y es que mientras que los comunistas veíamos “La Democracia” como el régimen al que habíamos contribuido en mucho en dar a luz el Estado nos combatía. Digo Estado partiendo de lo dicho en su día por Gramsci: “¿Qué significa esto sino que por “Estado” debe entenderse no sólo el aparato gubernamental sino también el aparato “privado” (sociedades capitalistas, estados mayores, etc) de hegemonía o sociedad civil?”.

Dicho de otra forma, “La Democracia” surgida de la Transición no sólo son el conjunto de instituciones presentes en la Constitución -en cuya ponencia participó el PCE- sino el bloque ideológico hegemónico procedente del franquismo, que defienden los intereses del capitalismo español. Esta es el quic de la cuestión.

La parte de “sociedad civil” procedente del antifranquismo -partidos, sindicatos, etc.- aceptaron como única vía de acceso a un sistema democrático la propuesta desde el propio régimen; es decir, la reforma de la legislación franquista, lo cual modificaba, utilizando terminología de Gramsci, la organización político-jurídico del Estado pero dejaba tal cual la “sociedad civil” procedente del franquismo. Ello colocaba a la “sociedad civil” antifranquista, entre ellas el PCE, en la paradoja de aceptar ser lo contrario de su esencia. Generándose el desengaño, el reniego hacia estas estructuras de sectores que a priori deberían ser afines.

Generaba también el hecho de que lo antisistema al convertirse en parte del sistema generase una corriente en los votantes, simpatizantes, militantes y dirigentes hacia la integración del sistema en su versión más poderosa. Es decir, la conversión del PCE en un partido eminentemente electoral en sus prácticas, que podría asimilarlo a la praxis de la socialdemocracia; y esto último explica los Carrillo, Tamames, Curiel, Almeida, Aguilar, etc.

Explica también las raíces profundas de la evolución en Córdoba en los últimos treinta y tres años, cómo un bloque hegemónico de izquierdas local ha ido evolucionando hacia una institucionalización mientras se debilitaba la hegemonía social hasta ser minoritaria en la ciudad.

Volviendo al ámbito nacional, en los últimos años hemos, desde el PCE, adoptado una visión autocrítica respecto a su papel en la Transición, llegando a replantearse su relación con la Constitución de 1978 o, aunque sigue la renuncia al leninismo, la rehabilición de “los aprendizajes del centralismo democrático y del modelo leninista de Partido”, ya que “La Democracia” nacida de la Transición muestra cada vez más que su esencia era (es) la de gestionar el capitalismo español, y por consiguiente va a poner todos los impedimientos que estén es sus manos para que una organización anticapitalista juegue un papel influyente en las instituciones y en la sociedad.

viernes, 16 de marzo de 2012

El “¡Viva La Pepa!” en la España del golpe constitucional y los recortes

“La Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona.” Artículo 2 de “La Pepa”

"La soberanía reside esencialmente en la Nación, y por lo mismo pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales" Artículo 3 de "La Pepa"

Está a punto de cumplirse el bicentenario de la Constitución de 1812: La Pepa. A pesar de ser monárquica y confesionalmente católica tenía un alto grado revolucionario especialmente por limitar el poder del rey, que pasaba de absoluto a limitado; el establecimiento del sufragio universal (concediendo a la ciudadanía derecho a voto independientemente de su nivel socioeconómico -algo que no se volvería a ver en una constitución española hasta casi dos tercios de siglo después-); o la innovación de tener un título dedicado al instrucción (educación) pública.

La expresión “¡Viva La Pepa!” expresa la representación simbólica que para los españoles, tanto favorables como contrarios, significaba la Constitución; para los primeros símbolo de Libertad, la mejor de las virtudes; para los serviles representaba el más negativo caos.

La Pepa tuvo una vida aciaga; promulgada en 1812 fue abolida dos años después al grito servil de “¡Vivan las “caenas”!” por el absolutismo borbónico de Fernando VII.

Nuevamente establecida a los sones del Himno de Riego en 1820. La Pepa y el Himno de Riego se convirtieron en los símbolos de la España revolucionaria. En 1823 una invasión a petición del rey puso fin al Trienio Liberal, La Pepa fue nuevamente abolida y Rafael de Riego, el militar que la había restablecido, ahorcado.

Durante una década (llamada Ominosa) el poder real absoluto volvió a campar a sus anchas en España, y los revolucionarios pagaban con cárcel y sangre la osadía de enfrentarse al absolutismo, tal es el caso de Mariana Pineda.

Una última vez estuvo vigente La Pepa, en el contexto de la guerra carlista, y tras la proclamación del Estatuto Real de 1834 (que no reconocía la soberanía nacional), un grupo de sargentos se sublevó y obligó a la reina María Cristina de Borbón a restablecer la Carta Magna de 1812. Sin embargo, casi un año después se promulgó una nueva Constitución que daba derecho al voto sólo al 5% más rico de la sociedad en sustitución del sufragio universal establecido en la de 1812.

Conmemoramos estos dos siglos de La Pepa con actos que recuerdan el acto jurídico de la existencia de una constitución en España, con un contenido explícito de vincular, en un hilo histórico, a La Pepa con la actual Carta Magna.

Pero aquel texto que proclamaba la soberanía nacional frente al absolutismo cumple dos siglos en un contexto en el que el pueblo español está sucumbiendo a un nuevo absolutismo: el de los “Mercados”, quienes amputan la soberanía nacional de los pueblos europeos (y entre ellos el español) en los aspectos económicos; haciendo caer gobiernos, obligando a parlamentos a no representar la voluntad de los ciudadanos o reformando incluso constituciones.

En este contexto, expresiones como “hay que recortar el déficit”, “hay que contentar a los mercados”, “hay que apretarse el cinturón” se convierten en la versión del siglo XXI del “¡Vivan las “caenas”!", que pronuncian los serviles del nuevo absolutismo, que somete la soberanía nacional a los intereses de esos (eufemísticamente llamados) “Mercados”.

Desde este punto de vista, en defensa de la soberanía nacional frente a los Mercados: “¡Viva “La Pepa”!