Datos personales

Nací en Córdoba. Mis compañeros de estudios en el Instituto Fidiana me llamaban Tovarich. Participé en las movilizaciones fidianeras reivindicando tener un edificio propio. Miembro de la Plataforma de Estudiantes de la JOC. Militante de la JOC (1996-2001). Presidente del Consejo de Estudiantes de Filosofía y Letras de la UCO en el curso 97/98. Militante del Partido Comunista de España desde 1997, del que he sido Secretario Provincial en Córdoba desde marzo de 2010 hasta noviembre de 2011. Director de cordobaroja.es

jueves, 1 de mayo de 2014

1º de mayo: cotidianeidad luchada

"Cuando sus ramas florecen/
es un incendio/
tanto rojo que derrama/
rojo entero/
Nadie lo ve trabajar/
 debajo del suelo/
cuando busca noche y día/
 su alimento"
Víctor Jara. El Pimiento
Estamos en un Primero de Mayo, la jornada más obrera del año, en un momento en el que todas las organizaciones mínimamente sociales exponen sus puntos de vista  y salen a manifestaciones o actos diversos a celebrar el Día de la Clase Obrera.
Siendo una fecha emblemática, en la que se exponen con datos la situación de los trabajadores y trabajadoras. Sin embargo, yo quiero tomar una reflexión histórica.
Por motivos de conciencia de clase y de gusto por la historia he indagado, leído, reflexionado bastante sobre la historia del movimiento obrero. Digamoslo así la historia general del movimiento obrero, pero también de la historia del movimiento obrero, pero también de la historia local de nuestro movimiento obrero, y me ha hecho establecer una perspectiva menos épica.
Por épica entiendo las grandes movilizaciones obreras (que en Córdoba han habido algunas), pero la perspectiva desde la que planteo este artículo son otro tipo de actuaciones más cotidianas.
Son muchas las veces en el que la militancia social, esa que pertenecemos a organizaciones y nos vemos en todas las manifestaciones, "nos quejamos" precisamente de eso, de que estamos los mismos. Incluso, muchas veces, nos quejamos, incluso en las redes sociales, de que la gente no participa en tal o cual acción. Estamos esperando a que la gente venga a las acciones "épicas" o no tan "épicas" pero sí militantes (charlas, presentaciones de libros, etc.). A esos eventos van (vamos) aquellos que tenemos cierta inquietud en el tema, yo mismo no voy a otros eventos similares pero de los que carezco de motivación o interés en la materia en cuestión. A esos eventos solemos ir aquellas personas que tenemos una militancia social, y en consecuencia una formación militante desarrollada o potencial.
Pero cuando uno se acerca a la historia del movimiento obrero bajando a lo concreto uno percibe que esas tesis del "que vengan" son erróneas.
La gente no va donde no tiene interés. Se dice que "la necesidad hace el hábito". El movimiento obrero no nace en el siglo XIX porque los obreros caigan del caballo por causa de una luz cegadora como San Pablo. Los obreros, después de 12, 14 horas de trabajo, no se ponían a leer El Manifiesto Comunista ni La Conquista del Pan. La "buena nueva" no venía del estudio tras una larga jornada de trabajo. Los primeros "evangelizadores" del movimiento obrero fueron los taberneros. La taberna era lugar donde el trabajador cubría una necesidad como el ocio, y era allí donde, distendidamente, los trabajador hablaban de sus cosas, y el tabernero, como militante socialista actuaba, como referencia Eric Hobsbawn en su La Edad del Imperio (1870-1914). 
Hace algo más de una década tuve la oportunidad de realizar sendas entrevistas a mujeres de dos pueblos de nuestra provincia cuya juventud había trascurrido en los años treinta, en ambos casos recordaban cómo la juventud vinculada a las sociedades obreras realizaban obras de teatro, en las que además de entretener en el tiempo de ocio a los trabajadores, tenían un componente didáctico al tratar temas sociales y concienciar de esa forma a los trabajadores.
Por otro lado, hace un siglo en nuestra ciudad hace un siglo, en el centro obrero que se encontraba en la plaza de Jerónimo Páez, se creaba una escuela obrera donde los hijos de los obreros iban a estudiar.
Estos elementos cotidianos, cubrían necesidades que tenía la clase obrera, necesidades, y a través de ese cubrir necesidades era como se iban adoptando mentalidades combativas; estas acciones cotidianas, lejos de discursos, exigen una actitud, unos valores, un compromiso ético que no tiene frutos sin paciencia y cotidianidad. Estas acciones son ese "trabajando debajo el suelo" de la cita de Víctor Jara con la que habría este entrada, es un trabajo que necesita tiempo.
En los últimos meses estamos viviendo en Córdoba una experiencia potente en ese sentido; me refiero al Centro Social Rey Heredia; okupado en octubre y en el que familias trabajadores (más de cien) comen gracias al trabajo voluntario y a la solidaridad -que no caridad-, donde los jóvenes de familias obreras que tienen dificultades en el estudio tienen clases particulares impartidas por docentes de manera voluntaria; donde hay una biblioteca; donde hay una radio; donde hay conferencias; donde hay múltiples reuniones.
Es por ello, que desde el poder, personificado en el gobierno municipal declaró la guerra al Rey Heredia; donde el poder -personificado en Capitulares- cortó el agua, pero la organización y el trabajo voluntario han garantizado que haya agua de forma permanente desde octubre.
Cotidianeidad en la acción; acción para cubrir las necesidades de los trabajadores. Construcción de un empoderamiento popular.
Dure lo que dure el Rey Heredia, ya marca una huella.
¡EL REY HEREDIA NO SE CIERRA!


Centro Social Rey Heredia, en el pasado mes de octubre, "defendido" frente a la posible desalojo por parte del Ayuntamiento.



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